De-Formando el uso de redes de comunicación



Libertad de expresión, subjetividad, opinión, prensa… Lo llamemos como lo llamemos, al pronunciarlo estamos diciendo más de lo que creemos.

El 11 de octubre de 2014, un día antes de las elecciones presidenciales en Bolivia ocurrió algo que fue analizado los días posteriores. Hoy ya no es noticia, pero el entendimiento de lo que puede implicar para el desarrollo de las redes en Bolivia y el mundo es algo que merece un esfuerzo más.

tweet_boliviatvDos cuentas de twitter de medios de comunicación bolivianos empezaron a comunicar informaciones falsas a propósito de Evo Morales y de acciones del gobierno boliviano. Una de ellas era la cuenta de BoliviaTV (@BTVenlinea ya no disponible) y Red Uno (@RedUnodeBolivia, tampoco disponible en su versión original). Los medios de comunicación se apresuraron a comentar que se habían hackeado estas cuentas generando inquietud en la sociedad boliviana. Casi ningún medio estaba preparado para saber lo que ocurría, además porque no era un hackeo (pero al parecer ni la RAE sabe lo que es un hacker) sino más bien un supuesto delito informático de robo de contraseñas. Debemos ser críticos, o mejor, pro-críticos: mirar a la información como una materia impura y moldeable donde nuestro juicio personal pero sobre todo, nuestra capacidad de análisis y verificación, nos pueda ayudar a discernir qué, por qué y sobre todo, para qué. ¿Sabemos quién robó las contraseñas? ¿Tenemos fuentes verificables a propósito del nombre que se asoció con este supuesto robo? La cuestión es que hoy, ante el paradigma del acceso libre a la información, es cada vez más complicado poder discernir entre lo que sabemos, y lo que creemos que sabemos. Es una de las paradojas que se producen hoy en la comunicación abierta gracias a las redes: no por tener más acceso a la información recibimos mayor cantidad de ésta y mucho menos, más cierta por verificable.

Además, para poder profundizar en la responsabilidad del ejercicio comunicativo, el uso de las palabras, cuando hablamos de estos temas (o cualquier otro) a través de un medio de comunicación, es muy importante, porque con ellas creamos la realidad. No podemos llamar hacker a un cracker, como tampoco debemos aceptar la energía nuclear como un vértice de desarrollo energético limpio y seguro. De hecho, si con las palabras creamos nuestros mundos, mejor que las palabras que usemos nos representen.

Por ello, si pensamos en el uso que le damos a libertad de expresión o libertad en las redes tal vez debamos entablar un diálogo serio y conciso con nuestros interlocutores cuando nos indican que se está violando ese principio básico de la construcción social.

Y volviendo al ejemplo en particular, busquemos como busquemos la información a través de internet encontraremos menciones de los ministros, el presidente, los mismos medios, los comentaristas… que es un delito que debe ser investigado y castigado.

¿Castigado cómo? Es aquí donde puede entrar una tergiversación aún mayor que de términos. Juan Carlos Pinto, director del Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (SIFDE), declaraba que ese tipo de acciones «están atentando contra la democracia», al igual que el Vicepresidente Álvaro García Linera lo calificaba de“crimen cibernético”. Y bueno, claro que lo es, eso no está en duda, pero lo que no sabemos todavía es quién es el o la delincuente y qué intenciones tenía. Sin duda, la normalidad política de un día donde no está permitido hacer campaña se vió conmovida por una mentira (grotesca en su inverosimilitud) que permitió un uso mediático adecuado para el momento.

PENSÉMONOS DESDE LA COMUNICACIÓN ABIERTA

El comunicador social es desconfiado por naturaleza científica ya que el ejercicio profesional (acompañado de años de lectura y estudio, sean formales o no) nos lleva a pensar que lo que vemos no es casual. No creemos en una práctica desinteresada y anecdótica, sino que entendemos las necesidades estratégicas empresariales, políticas, sociales o de cualquier índole que están detrás del hecho de hacer pública una información. Al igual que se mató a la objetividad periodística, todavía nos queda trabajo para generar una sociedad crítica frente a la casualidadde lo que lee, escucha o mira, para entender la causalidad de ello. Al mirar a la realidad es muy probable que aparezca la pregunta: “esto que me dicen que está ocurriendo de esta forma en realidad parece que es algo diferente a lo que realmente puede que esté ocurriendo”.
Sí, es retorcido, pero resulta absolutamente necesario que así lo sea.

manipulacionPor ello, Noam Chomsky, excelente retorcedor de lógicas de comprensión de la realidad política y comunicativa, planteaba hace un tiempo las 10 estrategias de manipulación mediática.

Diez enunciados claros y definidos para generar una sociedad más formada, más educada y por ende, menos manipulable. Una base sobre la que analizar las noticias que leemos, las medidas políticas que nos aseguran ser tomadas para nuestro bien (incluso común), la forma en que hablamos de determinados temas e incluso porqué a veces llegamos a pensar que algo que hace años era terrible hoy nos parece hasta pertinente. Pensemos entonces en la lucha contra el terror aplicada por el gobierno de Bush en Estados Unidos, en el creciente odio y desprestigio hacia la clase obrera o en el descenso en la calidad de la educación primaria en cualquier parte del mundo. Sólo por mencionar algunas acciones que tendemos a ver “desde la masa” como correctas por apropiadas socialmente. Y no hay peor error que pensarse y accionar desde esa masa informe y consumista como nos quieren hacer parecer hoy.

A veces nos da miedo pensar en que los sistemas de poder intentan realmente manipular, en connivencia con los medios de comunicación, eso que se ha dado en llamar opinión pública. El Gobierno mexicano lo sabe bien. Pero ese miedo no puede dejarnos inmóviles, sino más bien ayudarnos a entender qué significado tendrán las acciones venideras.

Preguntémonos entonces, ¿se nos está ofreciendo una solución a un problema real? Es decir, ¿tenemos control sobre las redes? o mejor, ¿debemos tener control sobre las redes?. El control y la censura es algo que no podemos tomar a la ligera, y sobre todo cuando está basado en un reforzamiento emocional pero no crítico. ¿Se perjudica a la democracia cuando difundimos información falsa? Sin duda sí, pero más todavía cuando la sociedad no posee las herramientas suficientes para analizar la información y el grado de veracidad de ésta. Todavía tenemos que entender qué tipo de cracia nos ofrece internet, pasando de la democracia a la netocracia. El debate no es sobre el “acceso” a una conexión de internet, sabemos que es costosa y no toda la población puede permitírselo. La cuestión es si la web es democrática. Ahí la respuesta es no. No votamos qué queremos que ocurra en las redes, no podemos, no es natural a la esencia misma con la que fue concebida. Y esto es algo que tradicionalistas de la política, la ciencia y la educación parecen todavía no entender, y cuando no entendemos algo… le tenemos miedo. Éste puede ser el peor leit-motiv que nos lleve a tomar decisiones apresuradas, o peor, estudiadas e intencionadas desde otras perspectivas. El caso de México y la Ley secundaria en Telecomunicaciones es algo que debemos conocer para saber si es el paradigma de libertad de expresión sobre el que queremos vivir. Un sistema donde cualquier información puede ser filtrada, vigilada, espiada, y además, donde el acceso pueda ser limitado y restringido según la capacidad económica de cada usuaria/o. Bajo este paraguas de medidas coercitivas por parte de una legislación amenazante a las libertades individuales y colectivas sólo nos queda conocer, aprender y aplicar aquellos conocimientos que vayan enfocados al fortalecimiento ciudadano: conocer nuestros derechos y saber aplicarlos con herramientas libres y soberanas.

Una sociedad formada es una sociedad difícil de engañar. Regular de forma descentralizada las redes implica tener un regulador, un filtro, en definitiva, un censor. Hacerlo de forma distribuida implica aplicar una nueva forma de hacer política donde a la sociedad civil le es devuelto un rol esencial en la organización social de nuestro actuar.

No sabemos qué ocurrió durante el 11 de octubre, tal vez Twitter o algún especialista nos lo aclare, pero sí sabemos qué queremos de nuestras redes y plataformas de comunicación hoy. Queremos herramientas libres, abiertas, colaborativas y lo más horizontales posibles. Reguladas políticamente desde una ciudadanía proactiva, consciente y crítica. Un acceso a la información, a los datos, a la posibilidad de contrastar información, a mayor formación en técnicas periodísticas y a un potenciamiento de la comunicación ciudadana. No queremos que el miedo a lo desconocido nos paralice y nos haga aceptar como válidas limitaciones a nuestras libertades más necesarias.

Queremos crear nuestras redes, porque queremos crear nuestras sociedades. La censura no es necesaria, la educación sí.

Este artículo es un aporte del pensamiento colectivo y progresivo del proyecto mARTadero sintetizado por Daniel Cotillas.

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