Reflexiones de un hombre en un encuentro feminista



Asistir hoy a un espacio feminista forma parte de un proceso vivo y orgánico sobre el que no hay ni verdades ni certezas. Más bien, aún queda mucho recorrido para encontrarnos en espacios feministas tanto mujeres como hombres.

Después de haber pasado una intensa semana en Quito, entre el proceso de trabajo de Ciberseguras (una plataforma de soporte, acompañamiento y aprendizaje en seguridad digital para mujeres) y el I Encuentro Internacional Ciberfeminista, gestionado por El Churo; merece la pena tomarse un tiempo para plantear algunas reflexiones, que como hombre, me surge de la participación de espacios así.

Primero de todo deberíamos pararnos un momento a pensar sobre el término “feminista”. Creo que ya no quedan más formas de contar y explicar lo que es y lo que no es, pero lamentablemente, sigue siendo necesario darse un momento a explicarlo. Y qué mejor que hacerlo con dibujitos, y si son tan buenos como los de Pictoline mejor que mejor:

Y entonces, ¿por qué usamos esa palabra y no otra? ¿por qué genera tanto sarpullido al mencionarla? Vamos con otra gran ilustración de Pictoline de nuevo:

Ahí nos encontramos en el gran dilema: si bien el feminismo no habla exclusivamente de problemáticas de mujeres sí encara una visión y ejercicio vital desde una perspectiva de género, y ahí, es dónde la problemática de acceso, justicia, equidad e incluso, derecho a la vida, se torna una cuestión de y para las mujeres.

Por tanto, se crea un problema mayor cuando a un encuentro feminista asisten hombres. Por un lado un encuentro feminista no es excluyente (o no debería serlo) sino más bien un necesario encuentro entre mujeres y hombres para construirse y también deconstruirse, sobre todo esto último. Somos muchos que hemos nacido en contextos patriarcales y machistas, y que tenemos tanta necesidad de aprender y romper con estereotipos que, al momento de compartir espacios con mujeres un mundo lleno de nueva simbología y referencias que nunca se nos habían pasado por la cabeza aparece.

Por otro lado, y a vista de la continua y constante exclusión de la mujer de espacios de poder y deliberación tomados por hombres (negocios, hospitales, universidades, escuelas,…) así como aquellos que habitamos cotidianamente (medios de transporte, los bares, la calle…) es totalmente necesario que se cuente con espacios por y para mujeres.

¿Por qué? Porque encontrarse y reconocerse es, en cierto modo, hermanarse. Y esto es algo que las mujeres tienen el derecho de ejercer sin la necesidad de que estemos ahí para conflictuar con nuestra presencia reflexiones que no logran más que trabas para que todo fluya.

¿Feminista o para mujeres?

He de reconocer que aquí hay un tema que tendremos que ir viendo cómo se desarrolla a futuro. Después de esta semana soy aún más consciente del proceso tan largo que queda por recorrer. Como hombre trabajo para intentar llevar el feminismo a la mayor cantidad de esferas de mi vida; aprendiendo y dándome cuenta de cuántas veces uno cae en los lugares comunes y prejuicios con los que ha sido educado y culturizado.

En este sentido nos faltan más espacios feministas: espacios donde compartir entre chicos y chicas cómo se siente, cómo pasa y qué nos pasa. Es necesario y buenísimo compartir para entender y fortalecer alianzas. Para ponernos en la piel del otro y la otra a base de hablar y escuchar mucho. Por supuesto que un hombre no va a llegar a entender qué se siente ser mujer, y por supuesto que viceversa tampoco. Por ello, necesitamos del feminismo como hoja de ruta para encontrarnos y crear en un gran conjunto el espacio que queremos habitar.

Pero además, también hacen falta más espacios feministas para mujeres: espacios donde hermanarse, acuerparse, sentirse y sintonizarse. Espacios para ellas… ¡que nosotros ya tenemos más de los que nos damos cuenta! Y por ello, estos espacios no deben ser ocupados por hombres. Aunque un hombre se encuentre trabajando y hackeando desde el feminismo, en estos espacios no podrá asistir aún cuando se encuentre presente, de la misma forma como le pasa al antropólogo. Nuestra mera presencia modifica absolutamente las relaciones y conductas que se dan entre las mujeres, y por ello es una falacia plantear como hombre que se ha participado de un encuentro de mujeres. Puedes llegar a no sentirte como un estorbo pero sí constatas que tu ausencia no sólo hubiese sido agradecida sino que además hubiese ahorrado la necesidad de invertir tiempo para hablar sobre la pertinencia o no de hombres en espacios feministas (para mujeres).

¿Y mañana entonces qué?

El feminismo no es sólo un asunto de mujeres, pero los espacios femeninos y feministas por y para mujeres son aquellos que también debemos cuidar, alimentar y trabajar para que sean más ricos y numerosos. Hace un tiempo leía un artículo que planteaba justamente aquello que muchos podemos hacer: quedarnos en casa, más horas en el trabajo, resolver los problemas cotidianos que en el día a día a lo mejor haces con tu pareja mujer para que nuestras amigas, compañeras, familiares y cuántas más mujeres mejor, puedan participar de estos espacios.

Yo fui a un encuentro ciberfeminista pero lo que no sabía es que en realidad iban a ser dos encuentros. Uno feminista donde se crearon espacios de diálogo e intercambio, y otro feminista para mujeres (con la complejidad que implica saber qué es una mujer) en dónde a pesar de mi presencia, se sintió una tremenda y potente energía. En realidad, en el último no estuve, porque como he dicho, en cuanto yo aparecía, dejaba de ser para poder ser en el momento que yo no estuviese.

Para la próxima, preguntaré mucho más enfáticamente cómo se entiende el “feminismo” en el nombre del evento; y además, si es que la asistencia de hombres está incluida en la definición, que esto quede lo más claro posible en toda la información del evento. Pero además, si fuese un encuentro feminista para mujeres, ponerle el mismo esfuerzo en que otros compas entiendan la importancia de cuidar esos espacios.

Y para muestra, me parece muy acertada la anotación que @spideralex hace para el #HackMeeting17 en el Debate/taller sobre violencias machistas en la red y/o con uso de las TIC con una observación bien clara: ESPACIO NO MIXTO (sólo para mujeres, bolleras/lesbianas y personas trans). De momento es un paso a clarificar la participación por sexos en espacios así.

Pero además no sólo encuentros feministas, sino cualquier encuentro donde las mujeres quieran sentirse en el derecho de poder reunirse y juntarse, para sentirse alejadas de cualquier tipo de discriminación. Algo como lo que ocurrió con el Gaming Ladies nos enseña cuánto de ese recorrido queda aún.

Esperemos, a futuro, que podamos ir creando más espacios feministas para todas y todos.

 

Créditos foto: Jerry Kiesewetter

BONUS TRACK: Consulta la Cobertura del I Encuentro Internacional Ciberfeminista.

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Mariana

Excelente post Dani! Muy claro y muy empático. Una cosa más que se puede argumentar es el tema del consentimiento. El hecho de respetar nuestro «no» como una forma de entender la lucha feminista. Queremos espacios solamente nuestros de manera momentánea, y eso debe ser respetado. Porque luego en la vida cotidiana, en el trabajo, en el activismo, no vamos a dejar de estar conviviendo los dos géneros, y en esos espacios mixtos tenemos que dedicar por cierto bastante energía en que las mujeres seamos respetadas, valoradas y escuchadas.

Daniel Cotillas Ruiz

Gracias Mariana, siempre un gusto sentirnos leídos y más aún acompañados en los caminos que recorremos. Como dices es todo un proceso de respeto que nos coloca en un ámbito de diálogo abierto… para lograr más diálogo. Obviamente no hay ninguna certeza en todo esto (que de hecho es la primera frase del post y reitero) y por ello nos toca ir viéndonos en cada situación y creando desde ahí. Desde los «noes» los «sies» y la mirada puesta en un deseo de construcción colectiva. ¡Ay esa tan deseada construcción colectiva! Seguimos dando pasos…