Una imagen
Veo y escucho a gurús tecnológicos queriendo convencernos de las bondades de sus desarrollos tecnológicos mientras que a duras penas se puede uno pagar el alquiler. Veo y escucho a militantes de izquierda y espacios okupados argumentando la necesidad de romper con cualquier atisbo de desarrollo tecnológico mientras que a duras penas uno llega a hacer todo lo que «es requerido» por las exigencias de la contemporaneidad. En todo ello hay ética, y mucha moral. Pero en un lado, abajo, desgajado y sin contacto con ninguno de esos dos mundos está el espacio de la bastardía. Un espacio donde la gente que lo habita ni está convencido ni quiere que un tecnolord use sus datos para lucrarse pero que tampoco logra a poder hacer todo al gusto de las exigencias políticas de una contemporaneidad exausta.
Una intuición
Siento que esa bastardía es la que siempre se ha dado en los barrios. Y aquí barrio sirve como concepto de periferia física pero también mental, psicológica, cultural. Espacios híbridos pero sobre todo bastardos en realidades: te toca compartir precariedad con gente que seguramente piense alejadísima de la corriente política de turno, que incluso vote a aquello que más le perjudique, pero es con quien tienes que crear. Co.crear. Te sentarás a tomar una cerveza más de una vez con ellos, habitarás las mismas panaderías y librerías. Te saludarás y pensarás que es lo que hay. Y estarás en lo correcto. Es lo que hay. Pero no es inmutable ni determinista ni cerrado. Es un mundo abierto ante tí sobre el que tu accionar podrá desenvolverse tanto en cuanto abreces esa bastardía de la que sois íntimamente partícipes. No queda más que el espacio sucio e impuro que se da en un diálogo incómodo y áspero. Querrías que cambiase de opinión, que te hiciese caso y que incluso entendiese que es mejor para todos tomar la vía que sabes que puede funcionar. Pero no va a ser así.
La bastardía se nos puede presentar como un salvavidas conceptual y vital, sobre todo vital. La ves al día siguiente de una manifestación histórica y masiva. La saboreas en las reuniones de vecinos (he visto grandes mentes sociales temblar al añadir a la palabra comuniad «de vecinos»). La pones en práctica en la puerta del cole a dejar a tu hija.
La bastardía no es una excusa. Se puede convertir en un modo de vida. Mucho menos exigente en ritmos y necesidades pero al mismo tiempo menos placentero en rodearte de razones para seguir adelante. No es cómoda pero es lo que hay.
0 comentarios en «<span class='p-name'>De la bastardía</span>»
Un boceto conceptual de algo que últimamente menciono demasiado.
Respuesta remota
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