No quiero hacer un despiece específico del artículo, me interesa pararme en un pequeño análisis a propósito de la forma de aproximación que plantea Ratti y desde dónde creo yo que podría replantearse. En algunos grupos de chat compartí esta reflexión:
Hay una frase mítica del poeta romántico alemán Hölderlin que dice: «Allí donde está el peligro, crece también lo que salva». Esta fue muy utilizada por Heidegger por ejemplo para describir la potencia que posee la tecnología esperando al uso a darle por la Humanidad. Creo que el artículo peca de muchas cosas (¿perder el alma?) pero a mí, particularmente, me deja pensando en cómo podría ser un ejercicio de acupuntura de prueba-error donde la bastardía del hacer colectivo pueda entrar más en juego y no sólo un estudio de una Universidad prestigiosa que tenga los medios y recursos para hacer ahora una interpretación de estudios que ya estaban hechos, sólo que le han metido unas luces en los alerones.
«Bastardía del hacer colectivo» me tiro desde el medio del campo… y ahora voy a ver si encesto. En el último párrafo reside la cuestión del asunto:
[…] Durante demasiado tiempo hemos diseñado la vida pública desde escritorios alejados de la calle. Hoy, gracias a la tecnología, podemos volver a observarla de cerca; probar, corregir y cuidar de ella. Porque el espacio público no debe optimizarse: debe ser amado. El ágora no ha desaparecido. Simplemente necesita ser repensada. Y, tal vez, gracias a la IA, podamos volver a escuchar algo más que se ha olvidado: la frágil y esquiva sinfonía del bien común.
Y aquí es desde donde parto. Por un lado el artículo nos habla de la potencia de la investigación científica para entender los comportamientos, usos y devenires de los espacios públicos. No podría estar más de acuerdo. Ahí hay que meter el diente. Recuperar no sólo las calles sino las aulas para la investigación de lo vivo, de la vida, de la calle y su entropía. Pero cuidado… ¿Hoy gracias a la tecnología podemos volver a observarla de cerca? ¿Dónde estaba antes la academia? ¿Esperando a que surgiese una tecnología limpia y aséptica que permita bajar con guantes de látex a las calles? Diría incluso que en todo este planteamiento hay un paradigma que me interesa mucho, el cibernético. Entender la inclusión del paradigma tecnológico desde la eficiencia pura y dura. Una forma de intervenir asombrada por la capacidad de interpretar masivamente datos. No le quito mérito a este potencial técnico, pero dudo que ahí resida la potencia de sus atrevidas afirmaciones. De lo que nos habla Ratti es de una cibernética negativa, de la que tanto nos hablaba Wiener y sus acólitos, pensarnos como máquinas que pueden volver a sumar en sus bucles de retroalimentación la información que obtienen de sus acciones. Un ciclo virtuoso de inputs y outputs. Esto se considera «negativo» porque es cerrado, tiende a la eficiencia absoluta, donde nada sale de ella, se va mejorando en el proceso constante de retroalimentación. Es reduccionista, podemos decir en otras palabras. De ahí que Ratti se flipe con este potencial: poder aprender indefinidamente de lo que nos ofrece la IA para analizar enormes bases de datos que nos ayudarán a buscar la eficiencia máxima.
Permitidme disentir desde la más absoluta humildad, que Ratti es ingeniero, arquitecto y urbanista, profesor en el MIT de Boston y en el Politécnico de Milán, y ha sido director de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2025. Y yo tengo este blog. Creo que hablamos desde niveles totalmente diferentes. Pero es mi blog y mi atrevimiento no tiene límites.
Pensemos por un momento en las posibilidades de una cibernética positiva, de un bucle rizomático y abierto. Un bucle abierto sería, en mi ideal comunicativo, aquel que se produce permitiendo la salida de información por distintas vías al tiempo que los outputs no vehiculan por un canal sino por un rizoma de ellos. Pensemos que el estudio de Ratti no se hace únicamente desde el análisis masivo de información en una Universidad de prestigio, pensemos que se hace en confluencia con las organizaciones de vecinos, con los AMPAS y AFAS de la zona, con las casas okupas de la zona y las comunidades de vecinos. Pensemos que pueda haber grupos de estudiantes de Humanidades, Antropología, Físicas y vete a saber cuántas ramas. Pensemos que los datos se cruzan con los intereses y deseos de cada uno de estos grupos. Que los resultados dados por la investigación son tamizados, interpretados y puestos en valor por cada uno de los grupos y al mismo tiempo la suma de todos ellos. Que pudiese desarrollarse una cibernética que asuma esa retroalimentación caótica pero llena de sentido y de vida. Es ahí y sólo ahí donde podríamos tener una IA que generase una respuesta válida para la vida comunitaria en un ágora plural y diversa.
Hay algo que Ratti no dice y es a qué IA se refiere. Qué inteligencia y qué artificialidad. Ni siquiera hablo ya de qué marca. Porque en ese no nombrar la especificidad está jugando en un marco de tecnooptimismo propio de Silicon Valley. Y ese es sólo uno. Y lleno de sesgos y de premisas que hacen que cualquier estudio científico que pase por su tamiz tendrá un significado específico con unos intereses específicos. No es acrítico, no analiza datos de forma matemática (y por ende «pura»). Son máquinas de comprensión comercial de la vida. Y a esas máquinas hay que domarlas. Necesitamos nuestras máquinas, y nos toca crearlas caóticas y bastardas.
La bastardía sería aquí aceptar la diversidad gozosa que se dan en las auténticas ágoras. Porque es verdad que están desapareciendo. Pero si lo hacen es principalmente por intentar plantear estas miradas asépticas universitarias. Ámbito que de hecho necesitamos recuperar urgentemente, bastardizarlo como se debe, porque desde que compraron el marco de la eficiencia ya vemos cómo están algunas de ellas (¡pensemos en la Complutense como ejemplo en Madrid!). Los barrios, sus vecindarios, sus vecinos y sus lógicas requieren que sus ágoras sean lo más bastardas posibles, porque en ellas no existe lo puro ni lo ideal. Se vive en el día a día a pesar de sus habitantes. Y quién esté preparada para crear desde esa realidad entenderá que el rol de la investigación científica tiene que bajarse a hablar, no a explicar.
2 comentarios en «<span class='p-name'>El ágora que desaparece.. será antes recuperada por la bastardía que por la IA.</span>»
He escrito esto en mi blog, que hacía tiempo no desempolvaba… y se siente fresco!
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Envía esto a ElPais Tribuna y similares a ver qué pasa. Qué inteligencia y qué artificialidad es la clave.
Pues no lo había pensado la verdad. A lo mejor edito un poco mejor mi texto para enviarlo. ¿Sabes cómo enviarlo o qué correo es?