Manifiesto Colectivo 406

Enlace original: https://406.neocities.org/a/manifiesto.html

Si actualmente existe algo así como una guerra entre clases o entre proyectos sociales antagónicos, seguramente no podamos sino calificarla, al menos en su temporalidad, como una guerra de baja intensidad. No está claro, siquiera, si estas clases actúan como tales ni tampoco si este enfrentamiento se da en la misma forma ni poseyendo el mismo contenido que pudo tener en el pasado. Lo que sí está claro es que esta guerra es asimétrica en todos sus frentes y que existen pocos, aunque honorables esfuerzos por darle la vuelta a esta situación.

Hay quienes se esfuerzan por pensar y llevar a cabo nuevas formas de organizar la vida, mientras que hay otros que se aferran con todas sus fuerzas al modo de vivir imperante. Los unos, teorizan e intentan poner en práctica un mundo donde todas las esferas de la vida no se remitan a un único principio que las rija y las gobierne, por encima de la voluntad consciente de sus actores, chocando de forma necesaria con la propia libertad de los individuos que le dan sustento y perpetuando relaciones de explotación entre ellos. Los otros, se aferran a este principio, lo entronizan y lo adoran como el único y definitivo guardián de la libertad, que no admite ser cuestionado bajo ningún concepto. Este principio no es otro que el Capital y es la relación respecto a él la que define los dos ejércitos por los que se puede tomar partido.

Como decíamos, si existe una guerra entre estos dos ejércitos, tenemos la certeza de que en el frente de las Tecnologías de la Información y Comunicación, el partido cuya relación respecto del Capital es puramente negativa lleva décadas perdiendo esta guerra. Nosotros nos encuadramos en dicho partido y asumimos la responsabilidad por esta continua derrota.

Un manifiesto como este no es lugar para discurrir exhaustivamente sobre las contradicciones del capitalismo, porque supera con creces los objetivos que se propone nuestro colectivo y porque existen acercamientos teóricos que captan de forma más o menos certera los momentos de verdad y falsedad que se presentan en la moderna sociedad burguesa. Sabemos que tanto la raíz de estas problemáticas que afloran o se recogen y perpetuan en el capitalismo, así como los propios límites de su superación, se remiten, en última instancia, a un determinante común.

Creemos que quien llega aquí es porque de una u otra forma se inscribe en el partido antagónico al partido del capital, el partido del comunismo, y que aquí no busca ningún tipo de convicción, sino las razones de existir de nuestro colectivo.

Este colectivo está formado por proletarios inquietos con su situación y que, además de encontrarse en relación con el movimiento comunista, provienen del movimiento hacker y del movimiento Free and Open Source Software (FOSS). Es este último, por las razones que se expondrán más adelante, el que nos ha llevado a reflexionar sobre la importancia que podría tener en relación al comunismo. Pero, ¿qué es el FOSS? Como bien indica su nombre, se trata de software —también podríamos introducir bajo estas siglas al hardware— con los siguientes determinantes: libre, es decir, que es de libre uso para cualquiera, que puede utilizarse para el propósito que cada cuál quiera y que es libre de ser replicado, modificado y distribuído por y para cualquiera; lo anterior tiene como precondición que el software sea de código abierto, lo que significa que su código y diseño puede ser accedido y estudiado por cualquiera, para conocer cuál es su verdadero funcionamiento y poder ser modificado.

Así las cosas, tras varias reflexiones mantenidas sobre este apasionante mundo, unidas a las propias inquietudes comunistas de los integrantes, hemos llegado a varias conclusiones.

Primera, que el FOSS supone, por su propio concepto y por su práctica, un tipo de producción y socialización cuasi-comunista: en el desarrollo no tienen por qué intevenir razones de dinero ni, por tanto, de ganancias, por lo que su distribución puede y suele ser gratuita. La forma en la que este software se produce es asociativa: diferentes personas identifican una necesidad y libremente establecen una asociación para producir el software que posteriormente se distribuirá sin coste alguno. El software se publica en repositorios públicos, que serían algo así como almacenes donde se deposita el software y al que una o uno va y directamente coge lo que necesita.

Segunda, en términos políticos, ofrece soberanía en varios aspectos. Por un lado, dentro de la asociación productiva es común encontrar la igualdad de decisión y una democracia directa. Por otro lado, cualquiera que utilice el software producido tiene todas las herramientas para poder conocer cómo funciona y poder modificarlo y desplegarlo a su gusto. Dicho de otra manera, existe una transparencia total en la producción y una soberanía en el uso. Además, representa una tendencia que estos entornos de producción sean abiertos y cualquiera pueda aportar sugerencias, reportar problemas e incluso entrar en la asociación o federar asociaciones.

Tercera, por el propio modo en que se produce este software y por la preocupación que los integrantes de este movimiento manifiestan en cuanto a la privacidad, la seguridad y la libre soberanía del individuo, se ha creado una cultura en la que se promueve la seguridad, la privacidad y diferentes formas de diseñar los servicios para que cada cual tenga la consciencia y la capacidad para decidir qué se hace con sus datos, si estos datos se almacenan e intercambian de forma segura y de determinar de qué forma quiere desplegar y utilizar su servicio: federado, centralizado, descentralizado, abierto o cerrado al público, etc.

Creemos que por estas razones y más, el movimiento FOSS es una forma de producción y organización cuasi-comunista paralela al capitalismo. No obstante, si utilizamos el sufijo «cuasi» es porque somos muy conscientes de que los elementos descritos más arriba no siempre se cumplen e incluso siguen manteniendo en muchos casos una dependencia respecto del capital. Por poner algunos ejemplos, la democracia directa no siempre se cumple dentro de los proyectos, algunos proyectos no tienen demasiado en cuenta la privacidad ni la seguridad —razón por la cual no definimos estas dimensiones como principios del FOSS y sí las atribuimos a una cultura latente— y otros aspectos que suponen una dependencia del FOSS respecto de las condiciones materiales y espirituales de capitalismo. Además, por una razón tan simple como es la de que la producción de muchos productos tecnológicos dentro del sistema capitalista pasan irremediablemente por los circuitos de valorización del valor, algunos de los servicios que se ofrecen dentro del mundo del FOSS dependen de infraestructuras —servidores, hardware, redes y proveedores— capitalistas. Evidentemente, esto supone en muchos casos una incapacidad práctica de librarse de la medicación del dinero, lo que resulta, a veces, en la solicitud de donaciones y, otras veces, en la oferta de servicios premium de pago. Finalmente, hay que tener presente que el movimiento FOSS no es un movimiento anticapitalista y que, debido a esto, hay actores que participan en él que son abiertamente partidarios del capitalismo, por mucho que su práctica en el movimiento sea, consciente o inconscientemente, ajena a la forma práctica capitalista.

Pero, por encima de todo lo anterior, sobrevuela una cuestión fundamental relativa al FOSS que impide, mientras el concepto siga formulado en los mismos términos, su conversión completa a un modo de actividad comunista: aquí «free» no significa gratuito (sin valor) ni tampoco falto de propiedad (directamente social). Es más, en su formulación original se hace especial hincapié en esta cuestión, pues en los términos liberales en los que queda formulado, sería incongruente excluir la producción y el uso comercial de un producto libre. Nosotros, que, aunque recojamos el testigo de la libertad individual, no somos liberales, sino comunistas, creemos que para que esta libertad sea verdadera es necesario revolucionar la forma en la que la sociedad produce y se administra a sí misma, pues es en dicho terreno donde está la última palabra sobre la libertad. Por tanto, uno de nuestros objetivos más importantes en este frente es que «free», al fin, signifique gratuito y sin propietario. Esto ya está pasando, aquí y ahora, como una tendencia que parece irreversible dentro del mundo del FOSS. De lo que se trata es de darle un empujón, de crear las condiciones para que, en ocasiones, los productores de software no se vean obligados a pedir donaciones, ni a ofrecer servicios de pago para financiar las infraestructuras que les dan soporte.

En cualquier caso y pese a estos límites, resaltamos las virtudes del movimiento FOSS por su modelo productivo y organizativo cuasi-comunista, a la par que nos mostramos determinados a llevarlo un paso más allá y extender este modelo —sin ánimo de hacer una copia exacta— al resto de esferas productivas y no productivas de la sociedad —aunque, tal vez, esta diferenciación entre trabajo y ocio, producción y reproducción, pierda sustantividad en una sociedad comunista. Dicho de otra manera, nos posicionamos abiertamente en el partido de las fuerzas comunistas, es decir, de aquellos que piensan un mundo sin explotación ni opresión, en el que los individuos sean realmente libres y puedan desarrollar plenamente sus facultades.

Ahora bien, una declaración de intenciones como ésta no daría ningún tipo de especifidad a nuestro colectivo. Es más, creemos que un tipo de sociedad como la que hemos descrito solo puede conseguirse con medios políticos o, si se quiere, con un movimiento práctico que actúe en varios frentes contra el capital. No es nuestra labor presentar aquí una propuesta de este tipo, pues nuestro colectivo reconoce claramente sus límites y cuáles son sus tareas, no interesándonos subordinarnos a un movimiento en concreto, aunque cada uno de nosotros tenga preferencias políticas diferentes y participe de una forma u otra en la guerra contra el Capital.

Es aquí donde entra en juego otro de los motivos fundamentales de la creación de nuestro colectivo. A raíz de nuestra participación en y seguimiento del movimiento práctico contra el Capital, hemos identificado una colosal falta de cultura de seguridad informática y de las comunicaciones: desde la utilización de medios inseguros de comunicación, pasando por hábitos poco recomendables en el uso del ciberespacio, hasta la dependencia respecto de infraestructuras privadas y poco respetuosas con el llamado activismo político. Los resultados necesarios derivados de esta situación han sido el desbaratamiento de acciones políticas incluso antes de que ocurrieran, la incriminación, detención y facilitación del proceso judicial contra militantes políticos y otro sinfín de desgracias que hacen de cualquier situación donde entra el uso de la informática una situación de victoria anticipada para la policía política. El juego de la estrategia y la táctica políticas no sirven de mucho si se subestima uno de los ámbitos logísticos que le dan soporte.

Por tanto, nuestro objetivo radica en aportar conocimiento y herramientas en un frente que, como hemos dicho, estamos perdiendo desde hace tiempo: el frente de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación y, más específicamente, el de la ciberseguridad. Es en dicho frente en el que nos desplegamos y en el que pretendemos aportar todo aquello que podamos.

Definimos tres objetivos fundamentales a lograr:

  • Crear un ecosistema de conocimiento y prácticas relativos a la seguridad de la información y de la comunicación, promoviendo hábitos seguros en cuanto al uso de la tecnología digital.
  • Desarrollar, desplegar y ofrecer herramientas e infraestructuras, para la autonomía y la autodefensa digital, avanzando progresivamente hacia el desarrollo, despliegue y educación en métodos ofensivos.
  • Producción teórica sobre el lugar de la tecnología digital en la sociedad comunista, así como reflexiones sobre coyuntura relacionada con la informática y la ciberseguridad.

Con estos objetivos presentamos al Colectivo 406, un colectivo proletario para el que el capitalismo es inaceptable y que manifiesta voluntad de actuar en consecuencia en el frente digital. Constituimos un colectivo abierto y dispuesto a la asociación, en el que invitamos a participar a todo partisano que se considere capaz y determinado para aportar su conocimiento y su fuerza para ganar esta guerra.

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